Por diversas circunstancias en mi último trabajo he visto como circulaban por dicha empresa muchos compañeros. Una de las cosas que más me llama la atención es que muchos de ellos tienen web y resulta curioso la disparidad de temas o enfoque o gustos que en ellas se trata, y sin embargo todos llegamos a coincidir durante un tiempo y en un espacio, y creo poder decir sin temor a equivocarme que fuimos muy buenos compañeros.
- No me refería al hecho concreto, sino a la noción abstracta y conceptual de por qué ese nombre en particular.
- ¡¡¿Qué…?!!
- Me explico. Lo que intento averiguar es la función básica de un nombre. Intento comprender por qué adjudicas ese determinismo a una persona que puede dar lugar a equívocos, ya que no soy el único ser que se llama Jerónimo en este mundo. ¿No sería más útil, por tanto, llamarme por mi número del D.N.I. quizá, adjudicando tal precisión a un dato que tiende ya de por sí a distinguir entre todas las personas?. ¡Ahorremos, pues en palabras!… inventemos nombre como MA-9999-XL… desistamos de adjudicar la personalidad a un nombre, cuando tal personalidad sólo puede ser entendida a través del conocimiento del carácter de tal individuo…
- Entonces, ¿cómo debo saludarte?.
- Que te parece una cosa como… ¡Hombre, Juan, yo también me alegro mucho de verte…
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Hoy quiero hacerme eco de una buena noticia ocurrida a mi amiga Patricia Durilo, la cual ha visto recompensada los esfuerzos que está llevando a cabo en su labor de aprendizaje e investigación en ”esto de lo artístico” a través de la selección de una obra suya para un certámen a nivel andaluz a celebrar próximamente en Almería. Le pedí unas líneas que describieran ésta, aunque por falta de tiempo no me las ha podido remitir…
En todo caso creo que al final no hubieran hecho falta. Como acto cultural qué es (su obra), no es carente de una intención comunicativa y expresiva otorgada por el artista. Este lenguaje comunicativo existe (Umberto Eco) aunque cargado de ambigüedad. Y hablamos de “intención” y de “ambigüedad” porque el lenguaje artístico es ante todo un lenguaje connotativo, en el que intervienen de manera fundamental las apreciaciones subjetivas del intérprete lo que da lugar a la polisemia en sus significados.
Esta ambigüedad de significados es resultado lógico desde el momento en que la obra de arte se concibe como totalidad significante… pero un significante nuevo a percibir por los sentidos. Decía Maurice Denis que un cuadro es esencialmente una superficie recubierta de colores combinados con un cierto orden, pero como obra artística decimos todos esos colores se combinan en un único significante, y lo que es muy importante “original”; porque un pormenorizado análisis de dicho significante permite descomponerlo en unidades informativas distintas, cada uno con su propio significado… significados que entran en relación entre ellos y naturalmente con el contexto socio-cultural subyacente, y que el artista, (y ahí reside su creatividad), sabe reunir para expresar nuevos significados.
El título que antecede estas líneas no se trata de un error al aporrear mi teclado. Cuando Patricia hubo creado esta obra y fue posteriormente seleccionada, le pidieron que le pusiera el nombre correspondiente a ésta. Le dio pues uno y me lo comentó, aunque yo entendí un significado diferente al de ella. Me gusta su obra porque da mucho juego a eso… a posarse en un nivel connotativo e interpretar de forma libre lo que deseemos después de haberla visto en un nivel denotativo, percibiendo de forma objetiva los elementos que la componen. Me gusta su obra porque es inteligente. Y también me gusta su obra porque ante todo me hace sonreir…