
Hace ya algunas semanas tuve la oportunidad de participar en un workshop “La Cámara Oscura” que impartía este genial fotógrafo y organizaba el Centro Andaluz de la Fotografía.
Ilan Wolff nace en Nahariya, Israel y estudia en la Escuela de Arte de Haifa (Israel). Desde 1981 se especializa en la técnica fotográfica de la cámara oscura. Su obra se encuentra expuesta en algunos de los museos más importantes del mundo, como el Museo del Eliseo en Suiza o el Victoria & Albert de Londres; y ha participado en multitud de exposiciones individuales y colectica en España (como en ARCO), Francia, Gran Bretaña, etc… En una época cada vez más mediatizada por el discurso de las marcas y la búsqueda de la última máquina, sorprende desde luego encontrarnos con un fotógrafo de reconocimiento internacional al que no le interesa mucho la máquina sino la magia que es capaz de producir una simple caja.
Las actuales cámaras fotográficas, analógicas o digitales, encuentran su anclaje en la técnica de la cámara oscura. Principio incluso anterior al descubrimiento de procedimientos químicos que permitieran fijar la imagen obtenida mediante dicha técnica. Ya Aristóteles describía así la cámara oscura: “[...] se hace pasar la luz a través de un pequeño agujero en un cuarto oscuro por todos sus lados. En la pared opuesta al agujero, se formará la imagen de lo que se encuentre en frente.”
Leonardo Da Vinci describe también en sus libros el funcionamiento de la cámara oscura y su relación con el ojo humano, dedicando mucho tiempo al hecho de que la imagen podría formarse invertida dentro del ojo. Aunque Leonardo Da Vinci sugirió introducir a la cámara varios lentes para corregir la imagen, finalmente nunca lo hizo.
Multitud de artistas (antiguos e incluso actuales) han hecho uso de esta técnica como Canaletto y Durero. Y como decíamos en un comienzo es el fundamento de la actual cámara fotográfica.
Volviendo a Ilan Wolff, su implicación con este arte, su búsqueda de “otra realidad” le lleva a convertir incluso su furgoneta en una cámara oscura y laboratorio; es cuanto menos llamativo acercarse a su vehículo y descubrir los orificios o estenopos desde donde él practica “su magia”. Como él comentaba así ganaba tiempo… Y esa implicación con su trabajo le lleva a convertir incluso ese vehículo en no sólo cámara o laboratorio sino igualmente la vivienda donde duerme. Para Ilan Wolff la fotografía es su gran pasión y su vida.
El uso de esta técnica por parte del fotógrafo parte de una filosofía particular: la de involucrar su entorno, la naturaleza, en el proceso de creación de la imagen, lo que le lleva como decimos a prescindir de la tecnología como elemento añadido en el proceso. Wolff usa cajas, latas, incluso pimientos rojos (!?) en los que introduce papel fotográfico. No sabe cuál puede ser el resultado final… ahí reside la magia. Pero nunca pierde el control. Observa la situación del Sol, ha tenido en cuenta la focal (la distancia entre el estenopo y el papel que colocó dentro de dicho recipiente cerrado), observa lo que quiere fotografiar, su color, si está en sombra o a la luz,… Wolff se acerca más más al objeto; en esta ocasión usa una lata grande fijada sobre un trípode. Dentro de ella ha colocado un papel fotográfico deformado; retira el protector del estenopo y mide escrupulosamente el tiempo que tiene que dejar expuesto, moviendo el recipiente a tres posiciones diferentes,… con todo ello consigue llegar más allá del simple registro de la realidad.
Pero su constante búsqueda, estudio, experimentación le llevan más allá… Hace uso de la cámara estenopeica (pinhole camera) y del fotograma. El fotograma es aquella técnica que debemos entre otros a Talbot o al genial Man Ray, en la que se obtienen siluetas sobre un soporte sensible sin usar ninguna cámara o ampliadora. Ilan Wolff como decimos, combina amas técnicas para crear lo que ha llamado el “estenograma”. Nos cuenta como el Ayuntamiento de París le invitó a que realizara un proyecto con su ciudad. Y él, desde la habitación de un piso en la que había practicado un orificio, obtiene imágenes de la bella ciudad,… y mientras tanto él igualmente interactua con aquella proyección… con objetos o con su propio cuerpo, mientras come o duerme. Es fotógrafo, artista y parte en su propia obra.
Pero no paran ahí sus reflexiones. Piensa como la fotografía es imagen que se hace con luz, más que con química. Y, ¿qué es la luz sino una energía? ¿Y acaso el calor no es otra forma de energía?. Es así como también hace fotografía experimental en lo que se conoce como calorigrama.
Sí, sin duda Ilan Wolff es un espíritu inquieto, un apasionado de la fotografía, que no sólo se sumerge en su realización sino que igualmente reparte su tiempo en la vertiente didáctica, organizando multitud de cursos siempre que puede, invitando a experimentar y sobre todo divertirse en la práctica de este arte.
Más abajo, fotografías tomadas por mí durante dicho workshop y siguiendo la técnica de la fotografía estenopeica.
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