20
2008Ciclo repetitivo

Hoy no he podido dejar de sentirme un poco como caído en un ciclo repetitivo… en fin, tonterías que llegan a la cabeza de vez en cuando. Qué tal si sublimarlo con un tema “venido al sentimiento”.
LAS TEXTURAS COMO ELEMENTO GRÁFICO
Las texturas podrían definirse como la propiedad de una superficie, capaz de transmitir sensaciones ópticas y táctiles, determinada por la distribución, por agrupación o separación, de pautas similares situadas a igual, similar o irregular distancias unas de otras.
Las texturas así, en su representación plástica, puede enriquecer nuestra obra, pudiendo llegado el caso a ser un elemento determinante en nuestra composición y desde luego transmitir determinados sentimiento y asociaciones, tanto de rechazo como atracción.
Destacar a este respecto que si la caracterísitca más notable de una textura es la uniformidad de elementos que la forman. Estos se pueden disolver o eliminar por:
- rarefacción, cuando se produce un excesivo espaciamiento de los elementos que forman la textura.
- densificación, cuando se produce una confusión de los elementos de la textura de tal forma que llegan a desaparecer.
Varias son las funciones que cumple la textura:
1.- Creación de volumen: así es que gracias a la textura podemos asignarle corporeidad a un cierto objeto.

2.- Creación de espacio: la textura puede contribuir a crear profundidad.

3.- Percepción táctil: Si una superficie es dotada plásticamente de una textura reconocible esto la puede volver más interesante y transmitir sensaciones.

4.- Peso visual: una superficie con textura tiene mayor peso visual.

5.- Dinamismo: asi es como una textura puede influir en nuestra percepción de la composición en general de que esta sea estática o dinámica.

Y que tal si continuamos con la repetición y pasamos al capítulo VI de Fe… una historia de Ganhara.
“FE… una historia de Ganhara” (capítulo VI)
Llegó la noche. Y con ella, el descanso a una larga jornada.
Nyria se hallaba realmente muy cansada. Desde el frustrado intento de robo al carro, habían pasado todos ellos, buena parte del día, andando hasta llegar a aquel refugio. Bueno… la palabra refugio, tal vez viniera un poco grande a aquel sitio. El lugar en donde ahora se encontraban, era una pequeña cueva, lo suficientemente ancha para que cupieran los tres holgadamente; aunque no lo suficientemente alta para que pudieran alzarse sobre sus pies… ni siquiera sobre sus rodillas.
En cuanto llegaron allí le dieron a Nyria ciertas raíces. A ella le encantaron; nunca había probado antes una cosa como esa. Sin embargo, aquel que se llamaba Felgor no pareció muy encantado con aquella comida; más bien, las miró con una cara que… Y el otro, tampoco se puede decir que las comiera con mayor satisfacción.
Encendieron un fuego en mitad de la cueva. Aquello eliminó buena parte de la humedad que había en aquel lugar. Arriba, en el techo de la cueva, había excavado un boquete por donde escapaba el humo.
Cuando terminó de comer, aquellos tipos le proporcionaron una manta. Ella se dispuso a un lado del fuego, se enrolló con la manta y se tumbó. Y si no hubiera sido por la dureza del suelo, la verdad es que aquel sitio hubiera sido realmente acogedor. Sin embargo, no se podía dormir. Estaba tan cansada y habían pasado tantas cosas, todas nuevas para ella, que el sueño no la alcanzaba aunque ella se esforzaba en el intento. Entornó pues los ojos, casi del todo, aparentando que dormía, pero observando realmente a aquellos dos hombres.
Estos, creyendo que ella ya estaba dormida, se pusieron a hablar entre ellos en voz baja.
- …un imbécil. Esa es toda la ayuda que me cabía esperar… la de un completo imbécil…
- Te repito que lo siento, Derion. De verdad que sólo quería ayudarte. Yo… yo no sabía que aquellos dos se escaparían dejando allí a… bueno… a la monja.
- …un imbécil… Seguro… imbécil nació, imbécil vivirá, e imbécil morirá… y esperemos que con suerte, no le dé tiempo a dejarnos en este mundo otros descendientes suyos tan imbéciles como él…
- Por favor, Derion… deja ya de insultarme… ya me duele suficientemente la cabeza, con todo el sermón que nos ha ido soltando por el camino, la monja esa.
Nyria no pudo evitar dejar escapar una pequeña risita. Y si no hubiera estado tapada con la manta hasta la altura casi de sus ojos, quizás ellos se hubieran dado cuenta.
Recordó como todo el trayecto a pie, lo había pasado hablando y hablando sin parar, soltando todo aquel sermón, acerca de lo bueno que habíamos de portarnos en este mundo por el bien de nuestras almas, el peligro que entrañaba el pecado del robo y, sobre todo, el del secuestro, y etc., etc., etc… Realmente, había que reconocer que estuvo en todo momento muy inspirada. Aunque aquello se había tratado más que nada de una pequeña travesura… algo con lo que sólo intentó fastidiar un poco a aquellos dos hombres.
Nyria se daba cuenta, de que en su situación lo lógico hubiera sido que ella estuviera completamente aterrorizada. Pero no sabía por qué… le era imposible sentir miedo de aquellos dos ladrones. Es más, si quería ser sincera consigo misma, tenía que reconocer que incluso le caían simpáticos. Sobre todo, aquel que se llamaba Derion.
- …Joder, Felgor… hay veces… de verdad que hay veces, en que no sé cómo no te estrangulo con mis propias manos…
Sin embargo, había una cosa que no le gustaba del tal Derion. Aunque era cierto que le caía simpático, no soportaba la tremenda cantidad de palabrotas que éste siempre estaba soltando. Como aquella palabra… joder… siempre la decía a la menor ocasión… joder por aquí, joder por allá… realmente, no sabía muy bien lo que esta palabra pudiera significar… pero no le cabía duda, de que sería algo que no le gustaría escuchar. Por eso mismo, para mañana, Derion se había ganado para él sólo, un discursito sobre los buenos modales y el buen hablar… un discursito que haría durar durante mucho y mucho tiempo, para que éste pudiera comprenderlo muy, muy bien.
Nyria sonrió por debajo de la manta, traviesa y maliciosamente.
- …Vamos, Derion… Seguro que lo único que llevaba el carro, era algo de comida y ropa…
- ¿Y te parece poco, idiota?… tú que siempre te estás quejando de no comer otra cosa que raíces… ¿Acaso no te has visto la cara que ponías esta noche mientras las comías?… Y en cuanto a la ropa… ¿te parece que tenemos muy buena pinta en estos momentos con la ropa que llevamos?…
Nyria tuvo que reconocer que no… que muy buena pinta no se podía decir que tuvieran.
Las ropas de ambos estaban muy deshilachadas, presentaban rotos por bastantes sitios, e incluso olían un poquito mal. Además, al tal Felgor, le caían incluso un poquitín grandes; tampoco es que tuviera mucho cuerpo para rellenarlas; éste era más bien delgado. Miró más fijamente a éste… A la luz del fuego, el cabello de Felgor, de un color castaño fuerte, adquiría una tonalidad pelirroja… casi tan roja como el mismo color del fuego.
El caso de Derion era distinto. Las ropas que llevaba éste le estaban un poco ceñiditas, resaltando sus músculos. Tampoco es que fuera uno de esos que parecen llevar sus músculos a punto de explotar por debajo de su piel. No. Derion se notaba que estaba fuerte, pero ya está… ¿Cuánto años tendría aquél?. No parecía mucho más mayor que ella. Probablemente, rondara los veinticinco años… Le encantaba, además, el pelo moreno de éste, casi en algunos momentos azulado; lograba resaltar aún más, los fuertes rasgos de su cara… en los que ella no podía dejar de entretener su mirada…
Por unos momentos, se sorprendió a ella misma queriendo meter algunos de sus dedos en uno de los rotos de la ropa de Derion, y agrandarlo para…
¿Se estaría enamorando del tal Derion?… Eso era imposible. Apenas conocía a aquel tipo. Es más, lo poco que sabía de éste, es que era su secuestrador y por tanto no debería… Además, ni siquiera sabía cómo se podía estar segura de que una podía estar enamorada de alguien. Nunca había sentido nada parecido por algún hombre. Lo único que sabía acerca del enamoramiento, era a través de ciertas canciones de pastorcitos que alguna vez había escuchado, y un libro que una vez cayó en sus manos, pero que lo tuvo que dejar, porque no comprendía lo que decía éste en absoluto, aunque sabía que este trataba sobre ese tema. Por tanto, no tenía ni la más remota idea de cuáles eran los posibles síntomas para reconocer que se estaba enamorada… Bueno… una amiga le contó en una ocasión, que cuando una se enamoraba, le salían unas feas verrugas en las manos… pero ella ya se las había mirado y no aparecían ninguna de esas verrugas por ningún lado; sólo un pequeño bultito en su mano derecha, aunque intuía que esto era más bien debido a la picadura de algún insecto…
¡Por amor bendito!. Ni siquiera sabía si sentir esa clase de cosas era correcto. Las enseñazas de Valshara nunca le habían proporcionado una información como aquélla. Estas sólo hablaban de que había que amar a todos nuestros semejantes, con toda nuestra fuerza y corazón… Pero ella no era ninguna tonta. Sabía perfectamente, que existían muchas clases de amor y todas muy distintas… el amor a un hermano, el amor a una amiga, el amor hacia un desamparado, o el amor y el deseo que se pudiera sentir hacia un hombre… El amor en general y como algo abstracto, era algo que seguramente sólo se podría encontrar en el corazón del dios Valshara… Pero ella era humana, era una mujer, y cuando amaba, amaba a alguien, y lo amaba de cierta manera diferente a otros… ¿Estaría, por tanto, empezando a sentir algo especial, que tal vez no debiera sentir?. No lo sabía. Lo único que sabía es que ahora mismo se sentía extrañamente bien y extrañamente culpable.
Sonrió… Nunca había conocido a un hombre como aquél. Todavía conservaba en la memoria, el momento en que éste la cogió para ayudarla a bajar de la carreta. Cuando éste la sujetó con sus fuertes manos en su cintura, se sintió… se sintió muy bien. Y cuando sus pechos rozaron por unos breves instantes el torso de Derion, un escalofrío, muy, muy agradable, la recorrió por entero… Nyria se replegó sobre sí misma, juntando ambas manos entre sus piernas… todavía, si lo recordaba, mil cosquillas parecían recorrer su barriga.. .
- …pues algo tenemos que hacer, Derion… no vamos a tenerla encerrada aquí eternamente con nosotros… y no creo que nos lleguen a pagar ningún rescate por esta monja…
- Ya lo sé… ya lo sé… Sólo quiero pensar un poco…
- Oye… y qué te parece, si la cogemos entre los dos… y bueno… cha-ca, cha-ca…- con un raro gesto, Nyria observó como el tal Felgor, curvaba sus brazos y los movía adelante y atrás, mientras los acompañaba con un ligero movimiento de su cintura.
- ¿¡Tú estás loco!?…
- Eh… tranquilo… que la vas a despertar…
- ¿Estás loco?… Eso de ahí es una monja… y a las monjas hay que tratarlas con cierto respeto. No creo en ninguna religión, pero no quiero arriesgarme a morir, y tener que responder ante algún dios enfurecido… Así que de eso ni hablar…
- Bueno, bueno… si he dicho eso, ha sido porque no tengo ni idea de lo que podemos hacer con esta monja… nunca me he encontrado en una situación como esta… y además con una tan bonita como ella… y, la verdad, no sé ni siquiera, lo que se le puede decir o no se le puede decir a una monja… y todo eso me está haciendo saltar los nervios, y…
¿Cha-ca, cha-ca?… A Nyria le entró verdadera curiosidad por saber que sería aquello del cha-ca, cha-ca… Sin embargo, no parecía que aquello fuera muy bueno cuando Derion había salido con tanto ardor en defensa suya. sonrió hacia sus adentros… había salido como si de un caballero se tratara en defensa de su doncella. Acto seguido, sin embargo, los ojos de Nyria se entrecerraron rencorosamente… También la había llamado “eso”… a ella… quizás, fuera una monja, pero también era una mujer… y mañana, Derion se enteraría muy bien de aquello, y haría que se comiera y atragantara con ese “eso”… Sí… mañana, Derion tendrá doble ración de discursito, uno especialmente cansino y aburrido, solo, solo, para él solito…
- …Mira Felgor… todo lo que podíamos hablar ahora es completamente inútil… la verdad es que a mí también me duele un poco la cabeza. Así que lo mejor que podemos hacer ahora, es dormirnos. Ya mañana pensaremos mejor lo que podemos hacer con esa monja…
- Tienes razón, Derion. Además, empiezo a tener bastante sueño… -dijo Felgor, mientras se tumbaba y cubría con la manta que había para él.
- Oye… ¿has mirado si nuestra “invitada” está bien?.
- Joder, Derion… y qué quieres que le pase…
Derion no contestó. Nyria cerró entonces fuertemente sus ojos. Notó, como Derion se le acercaba. La respiración de éste sonó durante un buen rato cerca de sus oídos. Nyria se preguntó qué es lo que estaría mirando Derion durante tanto tiempo, pero no se atrevió a abrir sus ojos. Entonces, notó como Derion la arropaba con la manta, arreglándola y cerrándola en torno a su silueta. Un beso, muy dulce, rozó su frente. Después, se marchó.
Nyria sonrió en su interior…
Antes de dormirse, pensó que tal vez mañana, no sería tan mala con Derion… Deeeerioooon… incluso tenía un bonito nombre al pronunciarse…
* * *

Momentos con Coldcut y Roots Manuva...
[...] Enlace al capítulo anterior [...]