Proteger tu creatividad… Fe (capítulo 1)

Hace poco tiempo descubrí (vía xatakafoto) un excelente servicio para la protección de los derechos del creativo en general, es decir, ya sea fotógrafo, escritor, ilustrador, etc… Se trata de Safe Creative una entidad que certifica la autoría de todo tipo de obras de modo gratuito, desde internet y a nivel global.
Y es que hay muchos que desconocen que ya desde el momento en que creas cualquier cosa original, la normativa en general reconoce la autoría y por tanto sus derechos aparejados sin necesidad de ningún otro acto. El problema viene con el tema de la prueba y lo difícil que puede ser llegar a demostrar nuestra autoría ante otras personas que por ejemplo hayan podido “capturar” dicha obra por internet, o por ejemplo, para aquellos casos en que deseamos presentar dicho proyecto previamente a su registro en el Registro de la Propiedad. Safe Creative se configura así como un medio de prueba y por tanto una herramienta bastante útil para el creativo.
Se nos permite además configurar el registro mediante diversos tipos de licencias: copyright, copyleft, creative commons,… de las cuales me gustaría hablar en otro momento.
De momento he querido probarlo el sistema de registro con una pequeña novela que escribí hace ya algún tiempo. Se trata de una novela del género de la fantasía épica con cierto toque, por qué no decirlo, de erotismo y humor. Pongo el primer capítulo a continuación y en próximos post iré poniendo los demás. En la imagen superior una ilustración en base a una fotografía que igualmente le hice a mi amiga Mariló.

FE
(PARTE I)
La mañana sorprendió con un sol cálido y brillante en un cielo azul sorprendentemente despejado. No era éste, un hecho muy habitual en Puerto de Nadra. Dicha ciudad era una de las más septentrionales del Pueblo-ciudad de Ashdria. Situada además junto al mar interior Nureal, ello provocaba que gozara de un clima muy inestable. Era raro el día en que el cielo no amenazara con lluvias y, además, no cumpliera con tal presagio. No fue extraño, por tanto, ante aquel día tan soleado, ver a muchos nadrianos llevar los dedos índice y medio de su mano izquierda a sus ojos, después a su nariz y por último a su boca; una antigua costumbre con la que se intentaba alejar cualquier posible mal venidero. Y es que lo raro e inusual, lo imprevisible y lo mágico, un día soleado cuando lo normal sería que este se presentara lluvioso, siempre provoca miedo en las gentes sencillas que necesitan de verdades inmutables en las que creer. Más, en una pequeña ciudad como era Puerto de Nadra, en que tres cuartas partes de sus habitantes se dedicaban a la pesca o al comercio marítimo.
Sin embargo, no todo el mundo en Puerto de Nadra compartía esta clase de desasosiego por aquel día tan estupendo. En el barrio de los Altos Pinos, habitado en su mayoría por medianos comerciantes, existía también un pequeño templo dedicado al dios Valshara. Dicha orden no disfrutaba de los mismos privilegios políticos o económicos que pudiera poseer la Orden del dios Ukrull, portadora de la religión oficial del reino, o la Orden del dios Tuncadok, segunda en importancia aunque no mucho menos poderosa. A pesar de ello, la Orden del dios Valshara, sin ostentar el mismo rango que estas otras dos, gozaba de cierta popularidad entre los pequeños y medianos comerciantes del norte del Reino de Ashdria. Sobre todo en Puerto de Nadra, donde tenía su sede más importante. Gracias a ello, su templo en esta ciudad, siendo pequeño como era, se encontraba adornado con todo lujo… estatuas, alfombras traídas desde el lejano Pueblo-ciudad de Shui, algunos candelabros de oro, etc. El lujo que se podían permitir a partir de sus no muy cuantiosos ingresos, pero sí más que suficientes.
Dicho templo contaba asimismo con un hermoso jardín interior. Un estanque lleno de peces de colores ejercía como corazón neurálgico del patio. A su alrededor, diversos árboles frutales crecían dispuestos de manera regular. Entre estos, una joven vestida con una larga túnica blanca, caminaba sobre las sombras de los árboles, con expresión relajada y feliz. Sin duda alguna, era ésta una de las pocas personas capaces de sentirse dichosas en un día tan especial como el señalado.
Aquella joven era de facciones suaves, agradables a la vista. Poseía una larga cabellera, rubia y lisa, que caía sobre el blanco marfil de su túnica hasta la altura casi de su talle. Ojos verdes, sinceros, profundos, serenos. Su edad sólo era posible concretarla en unos veintipocos años… si hubiera tenido los treinta o los dieciséis tampoco nadie hubiera podido adivinarlos, de tal forma marcaba su carácter a su propio físico.
Aquella mujer, acólita base de la Orden del dios Valshara, contenía en sí misma una extraña mezcolanza. Por un lado, resultaba ser una persona tranquila, sosegada, profunda y elevada en sus pensamientos, por los largos años de oración y meditación a que, desde muy pequeña, había dedicado por entero su vida. Por otro lado, su dulzura, su inocencia, su banal comprensión de lo que era en verdad la vida, la convertían casi en una niña… consecuencia esto de su largo internamiento en el templo, su no-enfrentamiento todavía a ningún verdadero problema, y su total desconocimiento de lo que era el mundo real fuera del templo, del que sólo sabía a través de la porción ínfima de cielo situada encima de aquel pequeño jardín. Por tanto, era posible decir que su belleza, su dulzura, su apacibilidad, era en parte provocada por el mismo ambiente en que se había educado. El nombre de esta mujer era…
- Que el infinito Valshara os conceda larga paz, hermana Nyria.
Al escuchar aquellas palabras, Nyria se volvió en busca de la persona que las había pronunciado.
-¡Oh!, hermana Darla- exclamó Nyria alegremente al reconocer a su compañera de Orden-. Os saludo igualmente- dijo mientras se le acercaba y le daba un beso en su mejilla.
Darla era otra joven acólita base de la Orden del dios Valshara. De rasgos físicos muy parecidos a los de Nyria, casi se podían confundir por hermanas gemelas, vestidas además como estaban con idénticas vestimentas. La única peculiaridad que verdaderamente la diferenciaba con respecto a Nyria era su pelo negro que esta última recogía en una larga trenza.
-Esta mañana no os vi en el desayuno.
-Bueno… es que yo desayuné bastante temprano– contestó Nyria, mientras, otra vez, continuaba con su paseo-. No veía brillar al sol con tanta intensidad desde hacía mucho tiempo y quería disfrutarlo tanto como me fuera posible. Por eso me levanté temprano y comí tan deprisa como pude.
-La verdad es que tenéis razón- dijo Darla que la seguía en sus pasos-. No son muchos los días en que, en Puerto de Nadra, podemos disfrutar de un sol como este.
Durante unos momentos, ninguna de las dos jóvenes aportó algún nuevo comentario a la conversación. Ambas, sin embargo, al establecer aquel silencio de mutuo acuerdo, parecieron poder explicarse todas aquellas intensas sensaciones que en ese instante recorran sus hermosos cuerpos, al igual que estremecedores latigazos; su amor por un cielo azul, su alegría por una luz no teñida por alguna nube, su satisfacción por un aire que no olía, por vez primera desde hacía mucho tiempo, a pescado podrido,…
Nyria paró sus pasos y alzó su cara hacia el cielo. Los ojos cerrados, dejándose acariciar por aquellos rayos luminosos que, escurridos a través de las hojas de un naranjo, alcanzaron su cuerpo.
Darla se situó a su lado.
-Sin embargo, mi muy querida amiga- dijo Darla, interrumpiendo aquel mágico silencio-, no creo que me equivoque si afirmo que existe otra razón por la que hoy os sentís más madrugadora que de costumbre.
-No os puedo engañar, hermana Darla -confirmó Nyria, mientras le dedicaba una sonrisa-. La verdad es que estoy un tanto nerviosa por la proximidad del día de mañana.
-Un gran día para todas nosotras, no sólo para ti.
-Es cierto. Mañana abandonaré por primera vez el templo desde que ingresé siendo una niña de pocos años. Por fin, mañana me será comunicado mi nuevo destino, la misión a la que por tanto tiempo me he estado preparando.
-De todas maneras, no llego a comprender del todo vuestro nerviosismo, hermana Nyria. Se supone que, desde un principio, como tú misma has dicho os habéis estado preparando para este momento, ¿no?… Al fin al cabo, todas nosotras sabemos que, más tarde o más temprano, también nos llegar nuestra hora. ¿Por qué, entonces, ahora esa angustia?.
-No, Darla. Os puedo jurar que no me siento de ninguna forma angustiada como decís. Y os puedo asegurar, también, que por mucha preparación que se pueda recibir, nunca nadie podrá permanecer inmutable a un suceso como este- Nyria exhaló un largo suspiro-. Lo que yo siento, hoy y ahora, es imposible de contener. Es la dicha que desborda mi ser, porque al fin llega el día en que podré realizarme totalmente como mujer, compartiendo aquella felicidad que nos donó nuestro muy amado dios Valshara, con el resto de nuestros semejantes…
-Sí, creo que os puedo comprender un poco- dijo Darla, quedando ambas nuevamente en silencio-. De cualquier forma- continuó ésta otra vez-, el día de mañana todavía queda un tanto lejos. ¿Por qué no os venís ahora conmigo?. El resto de las hermanas creo que han inventado un juego que puede resultar muy divertido. Eso os ayudar a pasar más relajadamente este tiempo de espera.
-Os lo agradezco mucho- contestó Nyria-, pero creo que prefiero quedarme todavía un rato más por aquí. Todavía hay muchas cosas en las que necesito pensar. Y para ello, tal vez me venga mejor la soledad de este lugar.
-Como queráis entonces -dijo Darla, despidiéndose con otro beso-. No os interrumpiremos. Ya más tarde nos veremos en la hora de la comida.
Nyria asintió con su cabeza en un gesto más que nada de despedida, y se quedó observando a Darla hasta que ésta desapareció definitivamente tras una de las puertas de acceso al patio. Aún mantuvo aquella posición durante un rato más hasta que, pareciendo despertar de su ensueño, empezó nuevamente a caminar. Se acercó, entonces, al pequeño estanque de forma octogonal y se sentó sobre una de sus, no muy altas, paredes. Fijó su vista en las claras y transparentes aguas. Peces de colores de distintas clases y tamaños, nadaban en éstas semejando ejecutar divertidos juegos. Dejó que una de sus manos acariciara la límpida superficie cristalina.
Su cara reflejaba ahora preocupación. Ella no había contado toda la verdad a Darla. Su partida del templo en que prácticamente se había criado, organizada para el día siguiente, no era en nada culpable de su actual estado de excitación y sí otro suceso… algo sin duda estúpido, pero que, por más que lo intentaba, no podía borrar de su memoria. Cómo si no, se podía calificar de estúpido, su nerviosismo por aquel sueño… aunque, tampoco, a ciencia cierta sabía si poda tildar aquello como sueño… en realidad, había sido como… era más bien… por ¡Valshara!, ¡no sabía ni por qué cosa se encontraba tan excitada!… todo aquello había resultado ser tan extraño… y tan real…
Le había sucedido durante la pasada noche. En aquellos momentos no podía conciliar el sueño a causa de los fortísimos truenos que desataba una tormenta. Decidió entonces levantarse para ir a la cocina y pedir un tazón de leche caliente a alguno de los sirvientes con el que poderse dormir. Con el máximo cuidado de no despertar a ninguna de sus otras dos compañeras que también dormían con ella, se echó una manta sobre los hombros y salió de la habitación. Llevaba ya un buen rato caminando a través de los pasillos cuando algo insólito le ocurrió. Se encontraba en un pasillo interior, éste apenas débilmente iluminado por una solitaria antorcha colocada en uno de sus extremos, cuando una súbita ráfaga de viento helado le azotó la cara; aquello le sorprendió porque hasta entonces no había notado que existiera ninguna corriente de aire a través de los corredores del templo. Se quedó parada. De repente, todas las paredes parecieron alejarse de su cuerpo… cada vez, más y más… La manta se cayó y ella apenas lo notó. Tenía mucho miedo.
Intentó huir de aquella pesadilla, pero sus piernas se negaron a obedecerle. Una luz vagamente rojiza pareció entonces ocupar todo aquel espacio, deformándolo y haciendo temblar su imagen ante sus ojos. Poco a poco, aquella luz pareció tomar sustancia en la forma de una espesa neblina que empezó a rodearla. Sus ojos, por unos momentos, fueron incapaces de ver otra cosa que no fuera aquel rojo velo opaco que la envolvía por completo. Al cabo de un rato, sin embargo, comenzaron a desgarrarse aquellas sombras.
Cuando por fin pudo recobrar su vista, y ya estando a punto de celebrar el feliz final de esa pesadilla, su corazón se volcó al suelo ante el mayor susto de su vida… ¡ya no se encontraba dentro de su templo!… no sabía dónde estaba… pero, de lo que sí estaba segura, es que aquella habitación en que ahora se hallaba, no pertenecía de ninguna manera a su templo.
Se encontraba dentro de algún dormitorio. La enorme cama de recios barales y gruesas mantas, colocada a su izquierda, así lo confirmaba. Su vista se paseó por aquel espacioso recinto. Aunque el sitio estaba en penumbras, pudo percibir todos los detalles con claridad gracias al fuego de una gran chimenea situada a su espalda. Tampoco le cupo la menor duda, de que aquel debía ser el dormitorio de algún individuo muy rico… o, tal vez, debiera decir rica, a la vista de un hermoso tocador, con espejo y todo. En cualquier caso, el dinero era palpable en cada una de las muchas pertenencias existentes en aquel aposento.
Dándose cuenta del gran embrollo en que se poda meter si la pillaban en aquella situación, decidió abandonar la habitación lo más rápido posible.
Fue entonces cuando descubrió aquel cuerpo; en el momento, en que rodeaba la cama para aproximarse a la puerta por donde poder salir. Allí estaba; tendida sobre el frío suelo, quieta,… muerta. Los ojos de Nyria parecieron enloquecer dentro de sus órbitas ante aquella escalofriante visión. Aquella mujer era tan joven… es decir, había sido tan joven como ella misma… y tan hermosa… el cuerpo de ésta se le aparecía totalmente deslumbrante, apenas ocultado su pudor por una fina y transparente gasa de color rosa… Intentó gritar, lo intentó con todas sus fuerzas, pero aquel grito se le atravesó en mitad de su garganta, incapaz de salir. El rostro de aquella mujer permanecía oculto bajo el pelo rubio que caía desordenadamente sobre éste.
Quiso alejarse, o tal vez, tocar aquello para comprobar si verdaderamente era real, pero sólo pudo seguir contemplándola, fijamente. El pálido de su tez contrastaba con el gran charco de oscura sangre que parecía querer expandirse por toda la habitación. Siguió mirándola y, en ese instante, un nuevo detalle vino a desbordar su razón…
El cuchillo… aquel cuchillo, cuya empuñadura emergía del pecho izquierdo de aquella mujer, era… era tan parecido a uno que le habían regalado hace ya algún tiempo… Los mismo dibujos tallados en su mango de marfil,… el mismo acabado en plata,… aquel rasguño que le había hecho cuando jugaba en…
Fue entonces cuando no pudo contenerse más, y aquel grito logró emerger de su boca con toda su potencia… sus pulmones parecieron desgarrarse, pero ella no terminó de darse cuenta de aquel hecho, porque también en ese momento se desmayó…
No supo cuánto tiempo pudo haber pasado hasta que despertó tendida en el pasillo, ya, del templo. Rápidamente, volvió a su cuarto y se cubrió completamente bajo todas sus mantas. Estaba muy asustada. Intentó dormir, pero aquel recuerdo se negaba a salir de su cabeza, una y otra vez, recreándose en su escena principal… el cuerpo muerto, casi totalmente desnudo, de aquella mujer desconocida para ella.
La noche, sin embargo, pasó y ahora ella se encontraba más tranquila. Tal vez fuera la serenidad de aquel jardín, el dulce trinar de algún pájaro, la suave danza de aquellos peces de colores, lo que hacía que ahora ella pensara de otra manera… que, tal vez, aquello sólo hubiera sido un maldito sueño… que, tal vez, aquello nunca hubiera existido… que su mente se había divertido, recreándose con ella, a un estúpido juego… No lo sabía, pero lo que sí llegaba a poder intuir, es que no tardaría mucho tiempo en saber si aquello había sido, realmente, un sueño…
* * *














Me parece muy útil la información que compartes, yo estoy en el proceso de fundar un estudio creativo y la protección del derecho de autor me ha estado preocupando mucho. Tu artículo me da muchas luces al respecto.
Felicitaciones, interesante texto para una novela
[...] Enlace al capítulo anterior [...]
[...] Ya en una ocasión anterior toqué el tema de la Propiedad Intelectual referente a un medio de prueba (enlace). En esta ocasión nuevamente me quiero detener sobre dicho tema. El problema a tratar sería por ejemplo aquellos casos en que un diseñador ha estado trabajando en una determinada agencia y posteriormente desea incluir en su portafolio web los trabajos allí desarrollados. Es decir, ¿a quién debe reconocerse la autoría de dichos trabajos?; ¿puede la agencia hacer que no lo mencionemos?… Cómo se ve un tema siempre candente en estos “lares” del diseño. [...]